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Tenemos una incógnita en común

La certeza de andar por un camino
que no era el nuestro, un sendero frágil
donde depositamos los lugares
de nuestra infancia, las fronteras ciegas
reveladas en un mapa de escuela.

Aguardamos una señal vacía
y yo agotado espero un nombre, frío
al menos, donde descanse mi voz
herida del cruel viento de olvido.

No encuentro ya signos en este cielo
nocturno al cual he vendido mi cuerpo
siempre como moneda sin retorno.

Di la respuesta que quieres oír
antes de entregar la debida ofrenda.

Este oráculo es un espejo donde nos retratamos a ciegas.







Nocturnidad Telegrafiada

Y no hay final con clavel

que merezca detener

las agujas que se clavan

en esta noche de infiernos.

Amor, cariño, sentimientos

no son nada más que un saxo

y no pienso escribir de ellos

porque son la imposición errónea,

en resumen, de un te espero

vomitado por un Godot consumido

ante la traición que nunca

supo admitir. Amor y perros.

La sangre de los caninos

derramada cuando no se detiene

el tiempo, hoy no, el tiempo de huir

antes de la borrasca de azúcares

telegrafiados.

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Lugares Inertes

Se deseca el tiempo

como una mariposa cazada

en plena huida. No hay relojes

que cubran las heridas con silencio.

Se desecan las aceras

y da miedo caminar por aquellas

calles que conocías como el atlas

de tu infancia. Reconoces aún

las fronteras, los puentes y el azul

de los ríos y los mares, la voz de tu abuela

repitiendo la capital de Suecia.

Estocolmo se deseca como un piano

aburrido del mismo Sam, esa ciudad

es el fin de la música, esa ciudad

que no visitaré porque está asediada

por los batallones del Harlem.

El tiempo para ellos es nimio,

como ayer mirando a Juan y José,

José y Juan con un telón de fondo

color naufragio de puerto, marineros

que trajeron esos guerreros negros

a limpiar de tiempo nuestras vidas

que se consumían como aquellos

cigarros mojados, como ese humo

cuando quemamos las vidas de los ausentes.

Quedó una duda. Seguir riendo

recordando al tozudo de aquel burro

que descendió por una alcantarilla

o bramar como herejes ante la tiranía



fuese cual fuese su rostro,

donde habitase, su realidad

o nuestra sequedad. Todo

estaba claro. Ninguno gritó

cuando nos clavaron los alfileres.



Ninguno cuando estábamos vivos

y libres de condena ante el tiempo.



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Más Dura Será La Caída - Con~Clave de Celuloide


Ya lo dije, ya lo demostré. Yo nunca debí sentarme allá arriba, ni este poema debería haber surgido como un Jazz fustigado por el alcohol entre mis dedos.
Pero me encaramé hacia el micro como un Humphrey sediento de su copa y, por desgracia sin fumar, os brindé con estos versos improvisados...

                                     "Arrakis"


Aquella noche
mis padres me arrastraron
al cine mientras
mi pequeña cabeza
recitaba los versos

que aún no habían nacido.

Aquella noche
me engulló un gusano
entre el desierto
de aquel horrible tedio
de escenas polvorientas.

Aquel gusano tenía dientes verdes
y alma de esencia, mil palabras ocultas
en los diccionarios abandonados
en las estanterías de aquella casa
donde yo decidí que las imágenes
no eran mi mundo.
                             
                              Aquella noche supe
del folio en blanco y del claro infinito
que emergía en su albina limpieza para versos
aún no nacidos, latentes como imágenes
que provocaban en mí los poemas más épicos,
los poemas de un niño

que surgieron de un desierto
repleto de espectadores.


Nulla Dies Sine Linea

La hoja en blanco,
mapa sin recorrer alejado
en la memoria
de un niño, sin más fronteras que
los bordes en el abismo. Los versos como
golpes de martillo, a golpes de alma velada,
con afónica luz
de alba por no saber, no ser la
palabra precisa, cabal, inexcusable
que explique la locura al invierno nevado
donde resido
noche tras noche, recitando
poemas creados para no morir en soledad.

Homenaje Urbano III

Bostezo de tu piel en esta enfermedad
lacónica que se perpetúa como un rito
de una tribu que se ha envuelto loca

por tu piel ausente
tu ausencia, tu piel

y los ladridos del asfalto, el tubular
oído de las carreteras, este bostezo
compartido al unísono, tu piel, tu piel
en esta fiebre, el delirio en tu ausencia

y este bostezo,
rutina y señal

semáforos, direcciones, callejones,
ámbar, toda tu piel en ámbar, toda tú
y el accidente de mi existencia otra vez.

Rat Bay

Nocturno aquejado de poetas,
tamborileros de folios como
ratas royendo lo que le rodea
y angustiados porque no hay
más lunas que agujerear.

Parecen piratas, piratas cojos,
tuertos, afeminados, muñecos
que parecen piratas, sólo eso

un nocturno con sus sombras
ebrias, plagiadoras de sombras,
respirando blanco como las páginas
que dicen estar conquistando como damas
en un secuestro. No existe Errol Flynn, todo esto
es un teatro bochornoso de pueblo perdido, sólo eso

un nocturno abordado en esta
isla, plagada de roedores,
ausente de gatos.

Yo, Pompeya

Hay algo de nube en tu voz.

Esperan los mirlos el amanecer,
tu voz de nube, recordándome
la ceniza de un volcán,
los mirlos en desvandada,
hay cientos de ellos ausentes,
hay algo ya arrasado,
algo de voz, algo de nube,
algo de surco de lágrima,
herida, herida, herida
sin dejar conciliar el sueño
el susurro constante
de la lava acercándose
a las puertas de Pompeya.

Gato

Gato muerto de sobredosis
en los titulares y la opinión
aúlla en esta noche de luna
que se va escondiendo
junto al fallecido.

(ga-to muer-to)

Repiten y se seducen
en conversaciones
de dadas, bares,
peluquerías.
Drogas.

Las que ya no le hacen falta
aquellas caricias al efímero,
con su foto estampada en
primera plana, recordadlo,
su mirada estática, portada
su nombre ya todo un mito
en la numerología, las fechas
coinciden con un eclipse
egipcio, las pirámides sin
sombra, sin sombra no hay
gato muerto.

Las mujeres lloran, se tatúan
y los hombres se compran
gafas con su mirada, iris
afilado, una armónica
sonando en las calles
con los carteles,
las camisetas,
suplementos,
biografías,
misterios.

Nadie se preocupó por conocer
la sustancia de las siete vidas.

Nadie - Gato.
Nadie - Muerto.

Fugit

Los años se parecen
como los perros a sus dueños,
vacunados contra la rabia,
acostumbrados al paseo
a la misma hora, dejando
las calles un poco más sucias,
perro tras perro, los mismos
versos, los mismos somníferos,
bostezo, ausencia y sueño
que aún hay una diferencia.

Soy más viejo.

Homenaje Urbano II

A love supreme mientras cruzo
este parque ataviado de noche
suena en el viento, silbo, viento
entre dientes, quizás el miedo
a los perros, ese niño que huye
y enciende la luz para deslizarse
por el pasillo,
-aún infancia en mi frente -
atravesando el parque ya
cerró la noche y con pocos
cigarros para abordarla.
Más allá, sólo me espera
una manada de gatos
salvajes deslizándose
medio en la carretera
abandonada de autos,
medio en el sueño
de otra existencia,
como guardianes
de una puerta
a un lugar
secreto
vacío.

Sigue el cuarteto de John Coltrane
en el aire, sólo la oscuridad recia,
para dirigirme a la puerta.
Aceptar ya el sueño.

Los gatos también eran cuatro.

Homenaje Urbano I

No hay espesura, un camión
voltea su herrumbre y vomita
lirios con voz de un cigarrillo
consumido, el jazz rodeando
me escucho a mí mismo,
las pastillas para dormir
y la espera de otro sol
contra el asfalto.
Y otra vez el baño, otra vez,
Julia tus palabras,
no sirven, no sirves
para nada más nítido
que la noche.