Las campanas de 1919
-Sí -respondió Roberto Jordan dejando caer un vaso vacío de ron blanco sobre la barra-. Una jodida pescadilla frita. Muy quemada.
Aschenbach

Espejo Nocturno (3ª Estancia)
Cómo ser Roquetin sin ser pelirrojo, llevando una cabellera que no llega a decidirse entre el castaño y el rubio, mi cara perdiéndose en el vacío con este vértigo diario. Yo también tiemblo ante el agujero blanco de la pared. Esa trampa, el espejo.
Cómo ser Robellon, asesino de Pablo I, como serlo si hay que evitar cuidadosamente los alejandrinos en la prosa.
Me observo en este espejo nocturno y encuentro a la cosa gris, mi rostro, a mis manos repitendo los actos hasta que los pienso, los defino e intento coger al tiempo por la cola.
Al final la noche te lleva a Bouville, por la calle Joséphin-Soulary al pasaje Gillet hasta la calle Tournebride, muy cerca de la colina de Montmartre. Irremediblemente. No hay otra salida. Al final el que lleva el pensamiento, el verso, la pregunta sabe a lo que se expone, a la soledad y cuestionarse a sí mismo.
Otros, otros que se acercaron en su momento por deficiencias, por astío de vida, por soledad de locura insoportable, otros acaban preguntándose "...para que sirve juntar versos...".
¿Para que sirve un asesinato? ¿Para qué una conspiración? Para que otro la escriba, la narre, la verse...ya da igual el asesino, su interior, quién era. Quizás ni su nombre importa.
Entonces queda claro, creo, por esta noche. Quizás mañana, aún, el infierno sigan siendo los otros.
Espejo Nocturno (2ª Estancia)
Qué nos lleva a exiliarnos a una Brujas infectada por la ambición y la mediocridad. En dónde radica la finalidad de escapar una y otra vez por y para nunca ser escuchado, y una y otra vez oir repetido las mismas palabras en el mismo orden y con la misma intención, los mismos cinco actos clásicos del teatro, el mismo final...el mismo al que llevó, desconsolado pero sin más opción, su antaño amigo Bartholommé Campanus al único personaje que importaba en esta historia.
-Mi muerte me parecía segura, ya no me quedaba más que pasar unas cuantas horas in summa serenitas...
Espejo Nocturno (1ª Estancia)
---J. Ward Moorehouse y Jimmy Herf---
En estas horas, nocturnidad besando nocturnidad, creo sentirme J. Ward Moorehouse. No, mejor Ward Moorehouse a secas, Ward en Pittsburgh, maldiciendo al Times Dispatch y el camino que le llevó a aquel periódico. Maldiciendo su vida por no poder maldecir más allá de su pasado.
Digo Ward y no J. Ward, porque ya saboreé en mis carnes a este último, y me detuve a tiempo. Siempre antes.
Por ello supongo que, como todas las noches, proseguiré mi insomnio y clausuraré mi mirada recitando a Jimmy Herf, ningún héroe, ningún conquistador, ningún amante, pero ese sempiterno personaje-persona que empieza y termina las historias.
-Oiga, ¿me deja usted subir? -pregunta al hombre pelirrojo que lleva el volante.
-¿Adónde va?
-No sé... Bastante lejos.
...de este sueño arrebatado.